Una de las opciones de tratamiento del cáncer de próstata de las que disponemos en la actualidad es HIFU (Ultrasonidos Focalizados de Alta Intensidad). Se trata de una técnica mínimamente invasiva que utiliza energía ultrasónica para generar calor de forma precisa y destruir el tejido tumoral dentro de la próstata, sin necesidad de realizar incisiones. Se plantea como una alternativa al tratamiento quirúrgico tradicional en casos seleccionados de cáncer de próstata localizado, con el objetivo de tratar el tumor preservando al máximo el tejido sano y reduciendo el impacto sobre la calidad de vida.
Pero una de las preguntas más frecuentes que recibo en consulta es: ¿Puedo yo someterme a ese tipo de tratamiento?
Esto nos lleva a un tema muy interesante sobre la Terapia Focal HIFU: ¿Cómo sabemos si un paciente es candidato a este tratamiento?
La decisión no se toma de forma general, sino individualizada. Existen varios criterios clínicos que analizamos antes de indicar HIFU. Haremos un repaso por los principales.
El tipo y la agresividad del tumor
Uno de los factores más importantes es el riesgo del cáncer de próstata. El HIFU suele estar indicado principalmente en:
- Tumores localizados (que no han salido de la próstata)
- Cánceres de bajo o intermedio riesgo
- Casos seleccionados de recaída tras radioterapia
Para ello valoraremos el resultado de la biopsia, el grado de Gleason/ISUP y los niveles de PSA.
La localización del tumor
Gracias a la resonancia magnética multiparamétrica y a la biopsia por fusión, de la que hablamos detenidamente en el último post, que puedes leer aquí, podemos identificar con precisión dónde se encuentra el tumor dentro de la próstata.
Esto es clave, porque uno de los objetivos principales de esta técnica es un tratamiento focal, es decir, tratar solo la zona afectada y preservar el resto de la glándula. Para que el paciente siga gozando de una vida lo más similar posible a su vida anterior al cáncer.
La extensión de la enfermedad
La terapia focal HIFU está indicada cuando el cáncer está confinado a la próstata, es decir, cuando se trata de una enfermedad localizada que no ha sobrepasado la cápsula prostática. Para poder indicarlo con seguridad, es fundamental apoyarnos en pruebas de imagen como antes referíamos, en la resonancia magnética y en la biopsia por fusión.
Si existen signos de extensión fuera de la glándula, afectación de estructuras cercanas o presencia de metástasis, será necesario valorar otras alternativas terapéuticas más adecuadas para garantizar un correcto control oncológico.
Las características del paciente
Es un factor clave definir ante qué tipo de paciente estamos. Marcará el perfil del paciente su edad, su estado general de salud previo y actual, su expectativa de vida, los síntomas urinarios previos y, por supuesto, las preferencias del paciente; al que situaremos siempre en el centro de todas las decisiones.
Parece una obviedad, pero no todos los pacientes tienen claro qué prefieren priorizar con el tratamiento. Hay quién prefiere evitar la cirugía, quién busca minimizar los efectos secundarios o quién busca erradicar toda huella del tumor. Para cada paciente habrá un tratamiento.
Por último y no menos importante, evaluaremos el volumen de la próstata y las características anatómicas que presenta, pues pueden influir en la viabilidad técnica del procedimiento.
El éxito de la Terapia Focal HIFU no dependerá sólo de la tecnología o de la precisión de la técnica; será clave la correcta selección del candidato.
Por eso insistimos siempre en una valoración completa y personalizada. El objetivo no es aplicar una técnica concreta, sino elegir la opción que ofrezca el mejor equilibrio entre control oncológico y calidad de vida.
Cada cáncer de próstata es un caso diferente. Lo importante es analizar, estudiar y evaluar las mejores posibilidades. Si se encuentran en esa diatriba, ya saben, estoy para ayudarles. Les espero en consulta para abordar su caso y darle agilidad a la solución de su patología.